25 de febrero de 2008

Manuel Centeno

No hay nada más. Desde luego, una música sale detrás de cada cuadro colocado en la pared, pues sabemos que todo cuadro es una música. Y detrás de cada música hay un esqueleto que impaciente espera. Espera. Alcances. Relieves que subrayan la noche e inscriben pies y cabezas en los hombres de gran imaginación. Lo que es igual, pero correspondiente a cada material utilizado en serie, es decir, arrastrados por la soledad llena de huecos y vacían espacios. El tiempo no les importa. Así es, la noche cae sobre el día guardado de espiritualidad vana y sentimiento matemáticamente impuesto. Ya nos lo dice el psicoanálisis. In púribis.

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